17.11.18

La estatua

Oh, mujer de los brazos extendidos
y los de mármol ojos tan serenos, 
he arrimado mis sienes a tus senos
como una rama en flor entre dos nidos!

¡Oh, el sentimiento grave que me llena 
al no escuchar latir tu carne fría 
y saber que la piedra te condena 
a no tener latido en ningún día! 

¡Oh, diamante arrancado a la cantera, 
tu forma llena está de Primavera, 
y no tienes olor, ni luz, ni trino!  

Tú que nunca podrás cerrar la mano, 
tienes, en gesto de cariño humano,  
la única mano abierta en mi camino. 

28.10.18

y si nunca mi pobre alma enamorada
va a conocer de verdad la dicha,
que al menos la conozca de mentira.

20.10.18

A Roma sepultada en sus ruinas

Buscas en Roma a Roma ¡oh peregrino!
y en Roma misma a Roma no la hallas:
cadáver son las que ostentó murallas
y tumba de sí proprio el Aventino.

Yace donde reinaba el Palatino
y limadas del tiempo, las medallas
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades que Blasón Latino.

Sólo el Tíber quedó, cuya corriente,
si ciudad la regó, ya sepultura
la llora con funesto son doliente.

¡Oh Roma en tu grandeza, en tu hermosura,
huyó lo que era firme y solamente
lo fugitivo permanece y dura!

11.10.18

Jamás dejaré de no verte.
No volveremos a ensayar el vals
para la fiesta de fin de curso.

No habrá más fiestas de fin de curso,
Beatrice,
tu ausencia es un triciclo negro.

6.10.18

Poema 13: Fabullus

Cenarás bien, Fábulo mío, en casa,
en unos días, con el favor de los Dioses,
si traes comida buena y abundante,
no sin una hermosa muchacha,
y vino y sal y mucha risa.
Haz así, querido amigo, tráelo, ven,
y cenarás bien; pues el bolsillo de Catulo
está lleno de telarañas.
De mi parte recibirás el más puro cariño
o quizá algo más suave y elegante:
el perfume que a mi amada regalaron
las Venus y los Cupidos.
Cuando lo huelas, a los Dioses rogarás
que te hagan, Fábulo, todo nariz.

22.9.18

Yo os quiero confesar, don Juan, primero

Yo os quiero confesar, don Juan, primero,
que aquel blanco y color de doña Elvira
no tiene de ella más, si bien se mira,
que el haberle costado su dinero.

Pero tras eso confesaros quiero
que es tanta la beldad de su mentira,
que en vano a competir con ella aspira
belleza igual de rostro verdadero.

Mas ¿qué mucho que yo perdido ande
por un engaño tal, pues que sabemos
que nos engaña así Naturaleza?

Porque ese cielo azul que todos vemos,
ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande
que no sea verdad tanta belleza!

10.8.18

UN HOMBRE PASA CON UN PAN AL HOMBRO

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?

22.7.18

Un lagarto verde

Por el Mar de las Antillas
(que también Caribe llaman)
batida por olas duras
y ornada de espumas blandas,
bajo el sol que la persigue
y el viento que la rechaza,
cantando a lágrima viva
navega Cuba en su mapa:
un largo lagarto verde,
con ojos de piedra y agua.

Alta corona de azúcar
le tejen agudas cañas;
no por coronada libre,
sí de su corona esclava:
reina del manto hacia fuera,
del manto adentro, vasalla,
triste como la más triste
navega Cuba en su mapa:
un largo lagarto verde,
con ojos de piedra y agua.

Junto a la orilla del mar,
tú que estás en fija guardia,
fíjate, guardián marino,
en la punta de las lanzas
y en el trueno de las olas
y en el grito de las llamas
y en el lagarto despierto
sacar las uñas del mapa:
un largo lagarto verde,
con ojos de piedra y agua.

17.7.18

Érase que se era

Eramos una vez un grupo de nueve o de diez
que coincidía cada noche:
una suerte de sueños que hacían cuadrilla,
unos buenos muchachos riendo juntos.
Érase que se era una vez...

Por esa época se amaba tanto, qué sé yo:
¡qué época tanta de amores!
Desfilábamos juntos, se hacían poemas,
y las calles que buenos gustos tenían.
Érase que se era una vez...

De uno
en fondo
pasábamos
por la misma canción:
era uno,
eran dos,
eran tantos y qué sé yo,
pero era
bonito
mirarnos, vernos sufrir.
Érase que se era una vez...

Era
imposible
pasar
un sólo día sin morir,
sin gritar,
sin reír,
sin comprender, sin amar.
Qué desastre
de gente
que no podía estar en paz.
Érase que se era una vez...

Yo no sé si fue el tiempo
que lo vuela todo,
o si fuimos nosotros
detonando el tiempo,
pero nos fragmentamos
como una granada.
Érase que se era una vez...

Yo no sé si ha llovido
una lluvia que moje
cada esquirla en el sitio
en que haya caído,
si hay guardada una tarde
común en el tiempo.
Érase que se era una vez...

Yo no sé si ha servido
de algo o de nada
que haya habido pasado
y que quede recuerdo.
Yo no sé si mañana
pensaré lo que hoy vivo.

Érase que se era una vez...