7.3.12

Un poema plegado

Con el primer
pliegue
hay una trampa
una playa.

Con el segundo
un castillo
un puente de arena.

Al tercero
surge el sol
calores en la piel
un pedazo azul de cielo.

Con el cuarto
pliegue
se extiende
el camino sinuoso
de los días y las noches
de la mesa del bar
y el sudor de vasos y botellas
un vientecito
llevándose las servilletas de papel
fumando humo
de nuestros cigarros…

Con el quinto puede decirse
que la vista es panorámica
un balcón estrecho
y largo
precisamente
para recorrerlo en la oscuridad
igual a un tren que conduce al pasado
a un olor específico
pero inhallable.

Al sexto pliegue
las cosas se complican
parte de la ciudad
se derrumba hacia el horizonte
como la cola
de un lagarto estremecido.
Las luces tiemblan
las copas hacen ruido al chocar.
En el sexto “A”
brindan
en el “C” quieren dormir
en el “F” alguien sentado al inodoro lee.

Al séptimo
pliegue
cae el vestido
una joven desnuda
se acerca al ventanal
(la veo desde el balcón de enfrente)
despega y apoya sus labios
balanceándose
sobre un vidrio helado.
Alrededor de sus
pezones
hay
una aurora empañada.

Al octavo
suenan las campanas
que llaman a seguir.
Un sendero insomne
detenido en el desayuno.
Ojos pegados
que parpadean
y reconocen proyección
un reborde más allá
de los límites supuestos.
Al filo
de esta realidad
cuelga una lágrima
una idea en la cuerda floja
y una cueva y fuego
y sombras.

Y tal vez
el siguiente pliegue
sea el último.
Mar que regresa las orillas
abismo de libro
que se abre
para ver
-allí-
un lector

haciendo equilibrio

dando forma a la nausea.

5.3.12

Caminé horas bajo la parra, junto a tu ausencia, hablando...

Caminé horas bajo la parra, junto a tu ausencia, hablando
de lo que fuere; enredaderas, ladrones de autos. Y si bien
reconozco que te parecés mucho al concierto número 22 de
Mozart, el tiempo igual pasa.
Tus cartas están en un cajón de mi escritorio, junto a un
huevo de pascua y la foto esa en la que tu vestido se parece
mucho mucho al concierto número 22 de Mozart. Pero ya no
las leo. ¿Para qué?
Vos en tu momento, yo en mi momento, ambos vamos a morir;
y las circunstancias serán sólo eso, circunstancias.

2.2.12

Una vez conocí tres mujeres y pensé ¿a dónde llevarlas?
Decidí invitarlas a lo de mi amigo Leonid.
Las tres eran mujeres de rara belleza.
Cuando empezamos a hablar de Francois Villón
la que más me gustaba se marchó.
Desde la mañana pensaba yo en el Kamasutra,
el alma desgarrada,
pero Leonid no dejaba de leer los poemas de Mandelshtam.
¿En qué pensaba cuando me secaba las lágrimas?
Seguro no era en los poemas de Mandelshtam
como Leonid creía.
La segunda mujer se fue avergonzada
porque no había leído El Don apacible de Shólojov.
Los versos iban y venían en la voz de Leonid.
Eran muchos y cada uno tenía su estilo propio.
Durante un buen tiempo puse mis esperanzas
en la tercera mujer
que ya para entonces se había dormido en la mesa.
En lugar de tantos versos y pensamientos profundos
dime más bien, amigo Leonid, sinceramente,
dónde encontrar otras pichoncitas así
y lo más importante, dime a dónde llevarlas después.

27.1.12

Primera causa que me nombra

Escribo dejo de escribir escribo.
Otras veces me distraigo y me levanto.
Me vuelvo a sentar y me siento otro,
y es mediodía y un jueves contra el sol.
Escribo y como el salmista sigo escribiendo
a fin de dar con los versículos que faltan,
con la justa entonación de lo que importan.

Escribo porque escribo y pasan minutos
pasan nubes
Y puesto que ya es tarde,
todo va oscureciendo
y se empieza constelar un cielo constelado
Entretanto me dejo llevar
por la condición de la memoria
--primera causa que me nombra—
que me persuade escribir sobre lo escrito.
ser y seguir siendo:
soy el que sólo existe más
si está escribiendo.

26.1.12

CHIPI CHIPI

Yo nunca vi New York
no sé lo que es París.

Vivo bajo la tierra,
vivo dentro de mí.

Yo no tengo un espejo
no tengo un souvenir
la lágrima me habla
y está dentro de mí.

Yo sólo tengo esta pobre antena
que me trasmite lo que decir
esta canción, mi ilusión, mis penas
y este souvenir.

Yo subo la escalera,
yo cumplo una misión.
La lágrima me dice
que yo tampoco soy
la hija de un amor
la hija del dolor
yo soy
quien no debe ser.

Si este dolor durará por siempre
no digas nada, vete de aquí
porque yo voy donde nunca estoy
donde nunca fui.

Tómalo con calma
la cosa es así.
Ya se hace de noche
me tengo que ir.

Chipi chipi
chipi chipi
chipi bombón bombón
chipi chipi bombón
bombón
bombón
chipi chipi bombón.

Ya no te pienso esperar por siempre
es que mercurio lo tengo aquí
no me digás más palabras, nene,
me voy de aquí.

Y no te olvides nunca que...
chipi chipi...

Esta canción durará por siempre
por eso mismo yo la hice así
una canción, sin amor, sin dolor,
la canción sin fin.