18.11.17

La primera noche ellos se acercan
y arrancan una flor de nuestro jardín,
y no decimos nada.
La segunda noche, ya no se esconden,
pisan las flores, matan nuestro perro
y no decimos nada.
Hasta que un día, el más frágil de ellos,
entra solo en nuestra casa,
nos roba la luna, y conociendo nuestro miedo,
nos arranca la voz de la garganta.

Y porque no dijimos nada,
ya no podemos decir nada.

11.11.17

La cerradura

Como un antiguo crimen:
el acento olvidado
en su trabajo de corrector,
la bala
en la cabeza de su padre
(algunas caries de más)

y la sensación de andar por el mundo
como si en cada cerradura
hubiese un ojo.

En fin,
lo inútil
que se convalida

en el texto de quién?

7.11.17

XI


Aquella señora tiene un piano
que suena bien mas no como los ríos
o el murmullo de los árboles...

¿Para qué se necesita tener un piano?
Es mejor tener oídos
y oir bien los sonidos que nacen.

Aquella señora tiene un piano
que se oye bien, pero es lo que ella hace con él,
hace música hecha,
no es el sonar débil
de los riachuelos estrechos
ni el sonido lejano que producen los árboles altos.

Lo mejor es no tener piano
y oir sólo lo que nace con sonido.

24.10.17

El necio


Para no hacer de mi ícono pedazos,
para salvarme entre únicos e impares,
para cederme un lugar en su Parnaso,
para darme un rinconcito en sus altares
me vienen a convidar a arrepentirme,
me vienen a convidar a que no pierda,
mi vienen a convidar a indefinirme,
me vienen a convidar a tanta mierda.

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino:
yo me muero como viví.

Yo quiero seguir jugando a lo perdido,
yo quiero ser a la zurda más que diestro,
yo quiero hacer un congreso del unido,
yo quiero rezar a fondo un hijonuestro.
Dirán que pasó de moda la locura,
dirán que la gente es mala y no merece,
mas yo seguiré soñando travesuras
(acaso multiplicar panes y peces).

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino:
yo me muero como viví.

Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
cuando la Revolución se venga abajo,
que machacarán mis manos y mi boca,
que me arrancarán los ojos y el badajo.
Será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio.

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino:
yo me muero como viví

yo me muero como viví

yo me muero como viví

yo me muero como viví.

3.9.17

Mas, ay, qué engañado estoy,
que vuelas, corres y ruedas;
tú eres, tiempo, el que te quedas,
y yo soy el que me voy.

18.8.17

quizá la vida
sea como una ventana
en día de lluvia
y vos y yo
seamos las gotas 
que caen
por su propio peso
y que
todavía
no saben
si se van a encontrar

2.8.17

Mi sueño familiar

Tengo a veces un sueño extraño y penetrante
con una mujer desconocida a la que amo y que me ama
y que no es, cada vez, en absoluto la misma

Porque ella me comprende, y mi corazón transparente
para ella sola, ¡ay! cesa de ser un problema
para ella sola, y los sudores de mi frente pálida
ella sola los sabe refrescar, llorando

¿Es morena, rubia o pelirroja? Lo ignoro
¿Su nombre? Recuerdo que es dulce y sonoro
como los de los amados que la Vida exilia

Su mirada es parecida a la mirada de las estatuas
y, en su voz, lejana, calma y grave, tiene
la inflexión de las voces queridas que han callado

14.7.17

El diablo en el paraíso

El hombre se come el pasto,
el burro los caramelos,
la nieta manda al abuelo
y la sota al rey de bastos.
L’agua la llevo en canasto,
me duermo debajo el catre,
todo lo endulzo con natre,
bailo en la tumba del muerto.
«Mentira todo lo cierto»,
gritaba desnú’o un sastre.

Los pajes son corona’os,
los reyes friegan el piso,
el diablo en el paraíso
y presos van los solda’os.
Se premiaron los peca’os,
fusilamiento de jueces,
en seco nadan los peces;
será un acabo de mundo
cuando en los mares profundos
las arboledas florecen.

Los justos andan con grillos
y libres van los perversos,
noventa cobres, un peso,
seiscientos gramos, un kilo.
Los futres andan pililos,
los gordos son raquíticos,
brincaba un paralítico
sobre un filudo machete.
Ocho por tres, veintisiete,
divide un matemático.

De asiento tienen el piano,
tocan música en la silla,
Caín es la maravilla
para el Abel de su hermano.
Camínase con las manos,
los santos son pendencieros,
bendicen a los rateros,
se acuesta el perro en la cuna,
debajo ’e la blanca luna
la guagua muerde al rondero.

Despedida:

Al fin termina el ejemplo:
fue por el mundo al revés,
y con la venia de usted
al teatro lo llaman templo.
«Muy plácido te contemplo»,
dice el bandido a su presa,
es más hereje el que reza,
los viejos van a la escuela,
los niños a la rayuela.
Ya naide tiene cabeza.

23.3.17

LOS ENEMIGOS

Ellos aquí trajeron los fusiles repletos
de pólvora, ellos mandaron el acerbo exterminio,
ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba,
un pueblo por deber y por amor reunido,
y la delgada niña cayó con su bandera,
y el joven sonriente rodó a su lado herido,
y el estupor del pueblo vio caer a los muertos
con furia y con dolor.
Entonces, en el sitio
donde cayeron los asesinados,
bajaron las banderas a empaparse de sangre
para alzarse de nuevo frente a los asesinos.

Por esos muertos, nuestros muertos,
pido castigo.

Para los que de sangre salpicaron la patria,
pido castigo.

Para el verdugo que mandó esta muerte,
pido castigo.

Para el traidor que ascendió sobre el crimen,
pido castigo.

Para el que dio la orden de agonía,
pido castigo.

Para los que defendieron este crimen,
pido castigo.

No quiero que me den la mano
empapada con nuestra sangre.
Pido castigo.
No los quiero de embajadores,
tampoco en su casa tranquilos,
los quiero ver aquí juzgados
en esta plaza, en este sitio.

Quiero castigo.

9.3.17

CXXXII

¿Si no es amor, ¿qué es esto que en mí siento?
Y si es amor, ¿cuál es su natural?
Si bueno, ¿cómo su efecto es mortal?
Si malo, ¿cómo es dulce su tormento?
Si de voluntad ardo, ¿qué lamento?
Si a mi pesar, ¿el lamento qué vale?
¡Oh viva muerte, oh deleitoso mal!,
¿quién en mí te dio poder, si no consiento?
Y si consiento, sin razón me quejo.
Entre tantos contrarios va mi nave
metida en alta mar y sin gobierno;
tan falta de saber, de error tan grave,
que no sé lo que digo, o lo que dejo,
pues tiemblo de verano, ardo de invierno.