Iba caminando, sudado y con el pelo pegado
en la cara
cuando vi a Ernesto Cardenal que venía
en dirección contraria
y a modo de saludo le dije:
Padre, en el Reino de los Cielos
que es el comunismo,
¿tienen sitio los homosexuales?
Sí, dijo él.
¿Y los masturbadores impertinentes?
¿Los esclavos del sexo?
¿Los bromistas del sexo?
¿Los sadomasoquistas, las putas, los fanáticos
de los enemas,
los que ya no pueden más, los que de verdad
ya no pueden más?
Y Cardenal dijo sí.
Y yo levanté la vista
y las nubes parecían
sonrisas de gatos levemente rosadas
y los árboles que pespunteaban la colina
(la colina que hemos de subir)
agitaban las ramas.
Los árboles salvajes, como diciendo
algún día, más temprano que tarde, has de venir
a mis brazos gomosos, a mis brazos sarmentosos,
a mis brazos fríos. Una frialdad vegetal
que te erizará los pelos.
31.10.09
30.10.09
Si pudiera abrir mi gruesa flor
Si pudiera abrir mi gruesa flor
para ver su geografía íntima,
su dulce orografía de gruesa flor:
si pudiera saltar desde los ojos
para verme, abierta al sol,
si no me golpeara de pronto, en la mejilla,
esta reunida sombra,
esta orilla de silencio
que es lo que ciertos pañuelos a la lágrima,
un aposento blanco, descubierto.
Si pudiera quedarme abierta al sol
como el sencillo mar
y alta, recién nacida hija del agua,
creciera mi color al pie del agua.
Por qué no he de poder desnudarme los pies
en una casa en que los alfabetos ascienden
por el labio a la palabra, y en que duendes de menta,
sirven té verde y florecida sombra.
Por qué no he de poder
desnudarme los pies en una casa
en que todos los días
un año desviste su estatura melancólica,
y en que la costa azul de un relicario
guarda el retrato de un vecino de mayo que se ha ido.
Sin embargo
no puedo desnudarme los pies en esta casa
ni poner sobre la mesa el corazón.
Pero puedo abrirme como una flor
y saltar desde los ojos para verme,
abierta al sol.
para ver su geografía íntima,
su dulce orografía de gruesa flor:
si pudiera saltar desde los ojos
para verme, abierta al sol,
si no me golpeara de pronto, en la mejilla,
esta reunida sombra,
esta orilla de silencio
que es lo que ciertos pañuelos a la lágrima,
un aposento blanco, descubierto.
Si pudiera quedarme abierta al sol
como el sencillo mar
y alta, recién nacida hija del agua,
creciera mi color al pie del agua.
Por qué no he de poder desnudarme los pies
en una casa en que los alfabetos ascienden
por el labio a la palabra, y en que duendes de menta,
sirven té verde y florecida sombra.
Por qué no he de poder
desnudarme los pies en una casa
en que todos los días
un año desviste su estatura melancólica,
y en que la costa azul de un relicario
guarda el retrato de un vecino de mayo que se ha ido.
Sin embargo
no puedo desnudarme los pies en esta casa
ni poner sobre la mesa el corazón.
Pero puedo abrirme como una flor
y saltar desde los ojos para verme,
abierta al sol.
25.10.09
La noche, la calle...
La noche, la calle, el farol, la botica,
la luz opaca e inexpresiva.
Aunque viviera un cuarto de siglo más
todo seguiría así. No hay salida.
Si murieses, comenzarías de nuevo
y todo se repetirá como antaño:
la noche, del canal la gélida marejada,
la botica, la calle, la linterna.
la luz opaca e inexpresiva.
Aunque viviera un cuarto de siglo más
todo seguiría así. No hay salida.
Si murieses, comenzarías de nuevo
y todo se repetirá como antaño:
la noche, del canal la gélida marejada,
la botica, la calle, la linterna.
21.10.09
confesión de mirlo
nubes que son síntomas
de huir
relojes detenidos
absorbiendo la carne
relojes absorbiendo la carne
gangrenando la luz
aposentando tibiezas granuladas
insufladas en el desaire más denso
en el ardor cómplice
de huir
de alejarse.
nubes que son síntomas del verso
de la verdad disuelta
en la vereda ineficaz
trastocada
acosada por esa quietud que disimula el año
el año en que te conocí
la fecha en que te conocí
en una calle de Lima
en un teléfono de Lima
en un domicilio de Lima
en un absurdo de Lima
en un corredor de Lima
en el terremoto de Lima
en el ansia
en el transito
en el desconcierto
soñando
escuchando latiendo gimiendo gritando jadeando
solo en Lima
en Lima sudoroso
en Lima
nubes que son síntomas de huir
y nunca llueve
y el verso es el sol.
de huir
relojes detenidos
absorbiendo la carne
relojes absorbiendo la carne
gangrenando la luz
aposentando tibiezas granuladas
insufladas en el desaire más denso
en el ardor cómplice
de huir
de alejarse.
nubes que son síntomas del verso
de la verdad disuelta
en la vereda ineficaz
trastocada
acosada por esa quietud que disimula el año
el año en que te conocí
la fecha en que te conocí
en una calle de Lima
en un teléfono de Lima
en un domicilio de Lima
en un absurdo de Lima
en un corredor de Lima
en el terremoto de Lima
en el ansia
en el transito
en el desconcierto
soñando
escuchando latiendo gimiendo gritando jadeando
solo en Lima
en Lima sudoroso
en Lima
nubes que son síntomas de huir
y nunca llueve
y el verso es el sol.
16.10.09
A UN POETA, DENTRO DE MIL AÑOS
Yo, que morí hace mil años,
Y escribí esta dulce arcaica canción,
Mis palabras te envío como mensajeras
Por el camino que ya no he de cruzar.
No me importa si has tendido un puente sobre los mares
O si atraviesas a salvo el firmamento cruel,
Ni si construyes consumados palacios
De piedra o metal.
Pero, ¿aún tienes música y vino,
Y estatuas, y un amor de mirada alegre,
Y pensamientos necios sobre el bien y el mal,
Y plegarias para los que residen en las alturas?
¿Cómo hemos de vencer? Igual que un viento
Que a la tarde cae, soplan nuestras fantasías,
Y ya el viejo ciego Meónides
Lo dijo hace tres mil años.
Amigo no visto, aún no nacido, desconocido,
Estudiante de nuestra dulce lengua inglesa,
Lee mis palabras por la noche, a solas:
Yo fui un poeta, yo fui joven.
Y ya que no puedo ver tu cara
Ni estrecharte la mano,
Te envío mi alma a través del tiempo y el espacio
Para saludarte. Tú comprenderás.
Y escribí esta dulce arcaica canción,
Mis palabras te envío como mensajeras
Por el camino que ya no he de cruzar.
No me importa si has tendido un puente sobre los mares
O si atraviesas a salvo el firmamento cruel,
Ni si construyes consumados palacios
De piedra o metal.
Pero, ¿aún tienes música y vino,
Y estatuas, y un amor de mirada alegre,
Y pensamientos necios sobre el bien y el mal,
Y plegarias para los que residen en las alturas?
¿Cómo hemos de vencer? Igual que un viento
Que a la tarde cae, soplan nuestras fantasías,
Y ya el viejo ciego Meónides
Lo dijo hace tres mil años.
Amigo no visto, aún no nacido, desconocido,
Estudiante de nuestra dulce lengua inglesa,
Lee mis palabras por la noche, a solas:
Yo fui un poeta, yo fui joven.
Y ya que no puedo ver tu cara
Ni estrecharte la mano,
Te envío mi alma a través del tiempo y el espacio
Para saludarte. Tú comprenderás.
Autorretrato
En mi lanza
llevo ensartados panes.
Por mi lanza
escurre el vino de Ismaros.
Apoyado en mi lanza,
de pie, en el alto,
sano, sereno, impasible,
como y bebo.
llevo ensartados panes.
Por mi lanza
escurre el vino de Ismaros.
Apoyado en mi lanza,
de pie, en el alto,
sano, sereno, impasible,
como y bebo.
12.10.09
Puestas de sol
Todo el mundo habla de las puestas de sol
Todos los viajeros están de acuerdo para hablar de las puestas de sol en estas aguas.
Está lleno de libros en que no se describe nada más pleno que las puestas de sol
Las puestas de sol de los trópicos
Sí esto es verdad esto es espléndido
pero yo prefiero con mucho los amaneceres del sol
El alba
Yo no me pierdo una
Yo sigo todos los días sobre el puente
desnudo
Y yo estoy siempre solo para admirarlas
Pero yo no voy a describir las madrugadas
Yo las voy a guardar para mí.
Todos los viajeros están de acuerdo para hablar de las puestas de sol en estas aguas.
Está lleno de libros en que no se describe nada más pleno que las puestas de sol
Las puestas de sol de los trópicos
Sí esto es verdad esto es espléndido
pero yo prefiero con mucho los amaneceres del sol
El alba
Yo no me pierdo una
Yo sigo todos los días sobre el puente
desnudo
Y yo estoy siempre solo para admirarlas
Pero yo no voy a describir las madrugadas
Yo las voy a guardar para mí.
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